Por fin jueves, ya queda menos. Una mañana como otra: despertarme, vestirme, intentar peinarme, desayunar y venir a la cárcel. Si, la cárcel. Realmente, el instituto, aunque tiene una cierta aparencia, lo único que aquí te castigan con aprender.
Bueno, resumiendo, una mañana como otra.
Aunque, de golpe, noto que alguien me sujeta de la cintura. Me giro, y, lo veo a él... él... quien hace que las mañanas mejoren, que los días pasn rápidos, y, que las horas a su lados sean las mejores. Me sonríe, y me besa en mi mejilla, exageradamente colorada. Es tan especial...
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