miércoles, 6 de abril de 2011

Sábado 2

La fiesta fue increible. Llegé tan cansada que no me dió tiempo a escribir, y al día siguiente tenía competición.
Fue... Inolvidable... la pena, faltava Irune...
Poco a poco (muy poco a poco) iba superando la falta de una de las personas más importantes de mi vida.
Bueno... explicaré la fiesta...
Lucas me pasó a buscar, és estaba increíble; iba con su polo blanco, unos tejanos desgastados claritos y unas convers all star, algo muy normalito, pero a él le sentaba fenomenal. Yo llevaba un vestido corto y blanco, por las rodillas con unos tacones monos y comodísimos. 
Ya no era la típica fiesta de niños de 10 años, con chucerías, bocatas y piñata... Era una FIESTA de verdad.
Cuando llegamos, ya había mucha gente. 
La fiesta trataba sobre el blanco. Tenías que ir vestido de blanco, o como mínimo de colores claritos.
Empezamos a bailar "more" de Usher. Y así toda la noche. me sirvieron un mojito. Había bebido alguna vez, en verano, algun sorbito, pero no uno entero. Iba contenta. Me reía por todo, y por unos momentos, me sentía flotando. Lógicamente, flotaba. Lucas me sostenía entre sus brazos; era muy romàntico. Me llevaba en sus brazos, como a una princesa, y me besó en la frente. Cuando me di cuenta estabamos delante de mi casa. que dulce era Lucas...
Me dejó en el suelo, y me abrazó. Me besó muy fuerte, y me dijo que nunca me dejaría.
Estamos a miércoles, y aún llebo el subidon; del mojito y de sus increibles besos.

domingo, 3 de abril de 2011

¿Que más podía pasar?

Me levanté aquella mañana. Tan sólo eran las seis y media de la mañana. Me metí en la ducha. Me hice el recogido obligatorio de la competición y me puse las lentillas. Me puse la malla, y cogí la bolsa de los patines.
Mis padres me dejaron el la entrada de aquel enorme pabellón. Me tocaba salir sola, sin el grupo, a patinar, ya que había sido la más buena en los entrenos. 
Las nueve. Después de una hora de coche, y media hora de calentamiento, empezaba la competición. Lucas se había metido en la cabeza que quería venir, y mis padres lo trajeron. Estaba muerta de verguenza.
Las diez y cinco. Segía sentada en el vestuario, cuando dijieron mi nombre "Nora De la Cruz, salga a la pista". Era mi turno. Besé mi colgante de la suerte (un simple colgante de la paz, que llevabamos las tres, Sandra, Irune y yo) y salí a la pista. Miré las gradas. ¡Estaban exageradamente llenas! Sonó la musica. Era el B.S.O del Titánic. Me la sabía de memoria. Me encantaba. Empezé el baile.
Diez y diez. Todo había salido impecable. Ninguna caída, ningún tropiezo, ninguna distracción.... Todo increible. Irune era la mejor del equipo, habría venido ella al no ser por... por... por eso... No quería recordar lo que había pasado aquella semana. Se me inundaron los ojos de lágirmas. 
Doce y veinte. Nos llamaron a todas la patinadoras. Era la hora de anunciar las ganadoras. Empezaron por las más pequeñas, y  fueron subiendo de categoría.
Una menos cuarto. Anunciaban mi categoría. Cadete (15-16 años). Me vino a la cabeza la gran frase "And the winner is..."  Se me escapó una risita. "Y la ganadora es... ¡Nora De la Cruz!". No me lo creía. Yo. Yo había ganado.
Tres y quarto. Nos dirijíamos hacia urgéncias. Si, urgéncias. Me tropezé bajando las escaleras del pabellón, y suponía que me había esguinzado el tobillo.
Al fin salimos de aquel infierno. Salí en muletas. Dos semanas... vaya mierda...
Me quedaba una eterna semana. En muletas, con reuniones y encima, sin Irune...